viernes, 26 de diciembre de 2014

ESCRIBIENDO UN CUENTO DE NAVIDAD


Una amiga me invitó a una convocatoria para escribir un cuento en esta navidad, y yo que en ocasiones no puedo decir que no, acepté gustosa y feliz pensando en lo que me disponía a componer. Pero no conté con dos detalles, uno que es navidad y dos que en navidad no me queda nada de tiempo.
Así que me puse a redactar mientras preparaba buñuelos y natilla, asistía a novenas, rezaba, comía, salía a ver las luces navideñas y trataba de mantener la casa en orden (cosa que con dos niños en edad preescolar y un marido que parece un pre-adolescente, no es nada fácil).
Finalmente, con cinco días que tenía para entregar el cuento, al momento de enviarlo apenas tenía un párrafo y tres renglones y la cabeza bloqueada, porque después de las fiestas decembrinas llevaba varios días fuera de casa, otros tantos sin lavar ropa, y hasta platos sucios había en el fregadero.
Abrumada ante tanto desorden y apesadumbrada por no poder escribir mi cuento soñado, me senté en mi sillón favorito, en medio de ropa sin doblar y juguetes de mis hijos, y mientras me lamentaba por no cumplir mi objetivo, me di cuenta que aún entre todo el caos tengo una vida maravillosa.
Y lo que comenzó siendo un cuento de dos personas que se conocen la noche de navidad, en una situación un tanto extraña, término siendo el cuento de como, ahora que tengo hijos, marido y una familia un poco más grande, vivo entre juguetes, tareas, reuniones familiares y un corre corre de nunca acabar.

Ratch Kendel


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